Buscando a sus hijos, las madres que también desaparecen

En medio de una crisis que registra más de 132 mil personas desaparecidas según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, la búsqueda de un hijo se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Al menos dos madres que integran colectivos de búsqueda fueron reportadas como desaparecidas, según reportes periodísticos de El Imparcial de Oaxaca. Esa estadística abre otra herida: quienes buscan respuestas también corren peligro.

Las llamadas madres buscadoras no solo recorren caminos y morgues, también levantan la voz contra la indiferencia institucional y las redes delictivas. Ese choque las coloca en una posición vulnerable. Amenazas, seguimientos, agresiones y, en casos documentados, desaparición forzada son parte del costo que muchas pagan por no callar.

Organizaciones civiles y colectivos de búsqueda han denunciado que la protección oficial es insuficiente. La Comisión Nacional de Búsqueda y algunas fiscalías estatales ofrecen protocolos y medidas cautelares, pero en la práctica faltan recursos, criterios claros para protección colectiva y seguimiento efectivo de amenazas. El resultado es una sensación de riesgo constante entre quienes investigan por su cuenta.

La situación tiene impactos concretos en la vida cotidiana: familias que pierden a sus proveedores por el tiempo dedicado a la búsqueda, comunidades que se fragmentan por el miedo, y procesos de investigación que se contaminan por la desconfianza en las autoridades. Además, cuando una madre buscadora desaparece, la búsqueda se vuelve doble: localizar a la madre y, de fondo, seguir buscando al hijo.

¿Qué se necesita para cambiarlo? Primero, implementación real y con presupuesto de los protocolos de protección para activistas y colectivos. Segundo, investigaciones imparciales y con perspectiva de género que aclaren si las desapariciones de buscadoras están vinculadas a su labor. Tercero, acompañamiento psicosocial y apoyo legal para familias que enfrentan represalias al exigir justicia.

Mientras tanto, las madres siguen saliendo a buscar pistas en los cerros, en las fosas, en los archivos. Su trabajo ha empujado avances en localización y en visibilizar la tragedia nacional, pero también ha mostrado que el Estado y la sociedad no están protegidas ni han aprendido a protegerlas. Como publicó El Imparcial de Oaxaca, la doble tragedia exige respuestas: que la búsqueda no convierta a los buscadores en nuevas víctimas.

Fuentes: Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas; reportes de El Imparcial de Oaxaca; testimonios y demandas de colectivos de búsqueda.

Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El Imparcial