Alma mater bajo sospecha: advertencia oficial sacude a la UABJO

Por Raúl Nathán Pérez

Una notificación oficial sobre irregularidades en el manejo de recursos y el funcionamiento de la Universidad Autónoma «Benito Juárez» de Oaxaca (UABJO) encendió las alarmas la semana pasada y reavivó viejas críticas sobre el rumbo de la institución. Documentos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y reportes de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) colocan a la universidad en un cruce entre la crisis administrativa y la agitación política.

La UABJO, que se proclama bajo los lemas de «Ciencia, Arte y Libertad», vive hoy una contradicción palpable: mientras miles de estudiantes buscan estabilidad académica, las malas prácticas —sindicatos saltados de su función, porros, venta de espacios y falta de rendición de cuentas— han convertido facultades en espacios de poder personal. Así lo han señalado actores internos y observadores citados por medios locales como El Imparcial de Oaxaca.

Desde finales de 2023 y en lo que va de 2024, la universidad registró ocupaciones y paro de labores. El Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UABJO (STEUABJO) tomó Ciudad Universitaria; el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (STAUO) llevó a cabo revisiones contractuales con protestas de distinta intensidad. El semestre que debía reanudarse en diciembre tuvo que esperar: muchos estudiantes retornaron a clases hasta el 12 de marzo, con afectaciones en tiempos y calidad educativa.

La ASF documenta «millones sin comprobar» en ejercicios recientes, según fuentes oficiales consultadas. Ese señalamiento obliga a responder con cifras y acciones: la Secretaría de Educación Pública, a través de la Subsecretaría de Educación Superior, y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público están entre las instancias observantes que podrían condicionar recursos, mientras diputados locales y federales siguen atentos.

En lo político, la rectoría está en el centro del tablero. Cristian Eder Carreño dejará el cargo en mayo y la sucesión ya genera tensiones. Figuras con peso en la universidad y en la esfera pública aparecen en la lista de posibles aspirantes: Enrique Martínez, dirigente del STAUO; Amílcar Sosa, conocido por su vinculación con grupos estudiantiles; Carlos Pérez-Campos Mayoral, cercano a agencias gubernamentales; y Farid Acevedo, ex titular de la SEFIN, quien cuenta con respaldo político local, según fuentes gubernamentales consultadas.

El desafío es doble: limpiar las finanzas y devolver a la UABJO su función formadora. Para ello es crucial que el Consejo Universitario recupere protagonismo y que los procesos de elección sean transparentes y participativos, no simulacros marcados por padrinazgos y caciquismo. La comunidad universitaria —docentes, estudiantes y trabajadores— merece decidir con información y garantías.

La universidad no es solo un recinto; es un servicio público que impacta la vida cotidiana de miles de familias oaxaqueñas. Si las autoridades responden con transparencia, auditorías efectivas y un compromiso real para desmontar redes de clientelismo, habrá posibilidades de corregir el rumbo. Si no, la UABJO seguirá perdiendo terreno en indicadores como los de la ANUIES y en la confianza social.

Las voces que demandan cambios piden diálogo incluyente y una agenda clara: auditorías públicas con resultados, protección de la autonomía frente a injerencias políticas, recuperación de la vida académica y sanción a prácticas ilegales. La próxima rectoría tendrá en sus manos la oportunidad de transformar una advertencia oficial en una hoja de ruta para la recuperación institucional.

Fuente: Auditoría Superior de la Federación, ANUIES, Subsecretaría de Educación Superior de la SEP, reportes de El Imparcial de Oaxaca y testimonios recogidos en la comunidad universitaria.

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