Oaxaca se prepara para el viernes de dolores entre altares caseros y mercados concurridos

En la antesala de Semana Santa, mercados y hogares multiplican ofrendas a la Virgen; autoridades piden mantener tradiciones con medidas de apoyo y cuidado

Oaxaca —Según reporta Sandra Luz Roldán—, la ciudad y sus municipios viven en estos días una actividad similar a un latido colectivo: mercados llenos de compradores, familias que colocan altares a la Virgen y comerciantes que afinan la oferta para la llegada de la Semana Santa. La víspera del viernes de dolores se siente en los aromas de flores, el brillo de las velas y el murmullo de rezos compartidos.

En el Mercado 20 de Noviembre y en el Mercado de Abastos, las filas delante de los puestos de flores y artículos religiosos se alargan desde la mañana. “Traigo velas, rosarios y pinturas para imágenes; hay más gente buscando ofrendas este año”, comenta María, vendedora local. Los compradores eligen desde arreglos sencillos hasta altares completos para colocar en salas y patios de las casas, una tradición que conecta memoria familiar y fe.

Los altares familiares, según vecinos consultados, mantienen elementos clásicos: imágenes de la Virgen de los Dolores, veladoras blancas y moradas, rosas y lirios, rosarios y, en algunos casos, panes y frutas como muestra de gratitud y petición. “Es un momento para recordar a quienes ya no están y para pedir por la salud de la familia”, dice Ana, vecina del Centro Histórico que instala un altar desde hace más de veinte años.

Autoridades municipales y de la Secretaría de Turismo han llamado a preservar las costumbres y, al mismo tiempo, a garantizar orden y seguridad en los comercios y espacios públicos. Funcionarios locales señalan que se han reforzado operativos de limpieza y vigilancia en los mercados, y se promueve la compra a artesanos y comerciantes locales para impulsar la economía comunitaria.

Detrás del bullicio también hay retos: vendedores señalan incrementos en el precio de algunos insumos y la necesidad de apoyo para mantener su actividad. “Los materiales subieron, pero la demanda nos ayuda a recuperar algo del gasto”, explica un comerciante de velas. Organizaciones locales y autoridades han anunciado ferias de artesanía y puntos de venta institucionales para apoyar a productores de imágenes y artículos religiosos.

La escena en Oaxaca no es solo comercial; es también comunitaria. Parroquias y grupos de barrio organizan rosarios y procesiones pequeñas, y muchas familias optan por encuentros íntimos que respeten la solemnidad del viernes de dolores. En este sentido, líderes comunitarios promueven la participación responsable: cuidar a personas mayores, acompañar a niños y mantener medidas básicas de higiene en espacios concurridos.

En la voz de los pobladores se mezcla orgullo y cautela. Algunos jóvenes recuperan técnicas tradicionales de enmarcado y restauración de imágenes, mientras que otros se acercan por primera vez a montar altares siguiendo la guía de abuelas y tías. “Es importante que no se pierdan estas prácticas; son escuela de memoria y comunidad”, comenta una promotora cultural del barrio de Jalatlaco.

La experiencia de la víspera del viernes de dolores en Oaxaca revela, según Sandra Luz Roldán, un equilibrio entre preservar tradiciones y enfrentar desafíos económicos y logísticos. Las iniciativas públicas para acompañar a comerciantes y artesanos son bienvenidas, pero los vecinos piden seguimiento y medidas concretas que aseguren ingresos dignos y espacios seguros.

Al caer la tarde, las velas encendidas en los altares iluminan fachadas y calles. La ciudad, por unas horas, parece detenerse en una pausa colectiva que mezcla oración y trabajo. La invitación desde la sociedad civil y las autoridades es clara: cuidar las tradiciones, proteger a las personas más vulnerables y aprovechar la ocasión para fortalecer la economía local.

Fuente: Reporte de Sandra Luz Roldán y testimonios recogidos en mercados y barrios de Oaxaca.

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