Pago electrónico en gasolineras divide a taxistas de Oaxaca
Un cambio en la forma de pago despierta apoyo por seguridad y reservas por costos y exclusión financiera
Oaxaca de Juárez. El anuncio de que algunas estaciones de servicio impulsan el pago sin efectivo ha abierto una discusión entre conductores del servicio público. Según El Imparcial de Oaxaca, la medida encuentra partidarios que celebran mayor seguridad y control, y críticos que dicen que, ante fallas en la red o comisiones bancarias, recurren al combustible informal.
Para muchos taxistas, pagar con tarjeta o apps representa dejar atrás el riesgo de sufrir un asalto por llevar efectivo. «Antes salía con 2,000 pesos en la bolsa; ahora menos, porque pago con tarjeta y me siento más tranquilo», explica un conductor consultado en el centro de la ciudad. Autoridades estatales han argumentado que la trazabilidad del pago ayuda a combatir el robo de combustible y la economía en efectivo vinculada a delitos.
Pero la otra cara es palpable. Taxistas de zonas periurbanas y de la periferia señalan que los terminales a veces no funcionan, que pagar con tarjeta implica comisiones o el requisito de ser trabajador formal con cuenta bancaria. «Si la máquina no jala o me cobran, prefiero comprarle a quien me vende con efectivo sin problema», comenta otra persona que trabaja por horas en el Istmo.
Representantes de gremios locales han pedido al gobierno y a las empresas que acompañen la transición con medidas concretas: puntos de venta sin comisión en estaciones seleccionadas, subsidios para la adquisición de terminales y capacitación para el uso de medios digitales. También piden claridad sobre quién absorbe las comisiones cuando el pago lo realiza el conductor o cuando lo hace el propietario del taxi.
Organizaciones civiles y expertos consultados coinciden en que la digitalización del pago puede ser positiva si va de la mano de inclusión financiera. Es decir, no basta con ofrecer cobros electrónicos; se requiere ampliar el acceso a cuentas, garantizar conectividad y reducir costos operativos para quienes viven del día a día.
Mientras tanto, la medida ha tenido efectos mixtos en la calle: algunas estaciones reportan mayor seguridad y menos manejo de efectivo, otras pierden clientes que prefieren pagar en efectivo. Además, hay preocupación por un posible crecimiento del mercado informal de combustible en zonas donde la oferta electrónica se vuelve rígida o costosa.
La vía más constructiva, plantean voces del sector, es un diálogo tripartito entre gobierno, empresas y gremios para diseñar un plan de implementación gradual. Propuestas como periodos de prueba, reportes semanales de funcionamiento de TPV, incentivos temporales y campañas de educación financiera aparecen como soluciones prácticas que podrían reducir fricciones.
Al final, el debate no es solo tecnológico: es sobre cómo una política pública impacta el ingreso y la seguridad cotidiana de quienes dependen del taxi. Si se gestiona con sentido social y acompañamiento, el pago electrónico puede ser una herramienta de mejora; si se impone sin apoyos, corre el riesgo de aumentar la desigualdad y empujar a algunos al mercado informal.
El Imparcial de Oaxaca registró las posiciones encontradas; ahora toca a las autoridades escuchar y construir alternativas que permitan avanzar sin dejar atrás a los más vulnerables del volante.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El Imparcial
