Mujeres defienden la tierra y la tradición en los campos de maguey

Alonso Pérez Avendaño

El 8 de marzo no solo se vive en las plazas. En los municipios donde crece el maguey, las mujeres llevan años transformando la milpa y las políticas locales con trabajo, organización y demanda de derechos. Quadratín registró recorridos y testimonios en zonas productoras donde la lucha feminista se entrelaza con la defensa del territorio y la economía familiar.

En comunidades de Oaxaca, Puebla y el centro del país, las jornaleras y productoras de maguey enfrentan problemas que van desde la falta de acceso a la tierra hasta la precariedad en la cadena de valor del mezcal y otras bebidas ancestrales. Datos del INEGI y del Consejo Regulador del Mezcal confirman que la participación femenina en la agricultura es alta, pero la titularidad de la tierra, el acceso a financiamiento y la presencia en puestos directivos siguen siendo menores en comparación con los hombres.

“Trabajamos la planta desde que es retoño, pero no siempre nos reconocen como propietarias ni como tomadoras de decisiones”, relata una productora de la sierra de Oaxaca, que prefirió no dar su nombre. Su experiencia refleja un problema estructural: el reconocimiento legal y social del trabajo de las mujeres en el campo va por detrás del esfuerzo que hacen día con día.

Las demandas que este 8 de marzo se alzan en los campos de maguey son concretas. Piden programas públicos que incluyan capacitación técnica para mujeres, esquemas de crédito adaptados a micronegocios rurales, y políticas de protección frente a la violencia de género en zonas rurales. Organizaciones locales señalan además la urgencia de garantizar la conservación de prácticas tradicionales y el acceso a mercados justos que paguen apropiadamente por los productos.

La protección del territorio también es central. En comunidades donde la expansión turística y la llegada de grandes productores amenazan los recursos comunes, las mujeres están organizando comités de vigilancia, promoviendo la certificación comunitaria y buscando apoyo institucional para regular el uso del agua y del suelo. Estas iniciativas buscan mantener la soberanía alimentaria y la identidad cultural ligada al maguey.

Las políticas públicas que hoy existen muestran avances limitados. Algunos programas estatales incluyen rubros para proyectos productivos en zonas rurales, pero las beneficiarias reportan trámites complejos y recursos insuficientes. Fuentes consultadas por Quadratín subrayan que sin un diseño con perspectiva de género y sin seguimiento local, la inversión no logra transformar la vida cotidiana de las campesinas.

Hay señales de cambio: cooperativas lideradas por mujeres han conseguido mejorar precios al comercializar directamente, y en municipios se promueven talleres sobre gestión empresarial y certificación. Sin embargo, los retos persisten: acceso a mercados, formalización laboral, seguro social y medidas efectivas contra la violencia.

Este 8 de marzo, en los surcos donde nace el maguey, la consigna es clara y práctica: reconocimiento, seguridad y condiciones para que el trabajo de las mujeres sea valorado y remunerado. La lucha feminista en el campo no es solo simbólica; es una reclamación por derechos que impactan la economía familiar, la cultura y el cuidado del territorio.

Para avanzar se requieren decisiones públicas con enfoque territorial y de género, acompañadas de recursos accesibles y mecanismos de participación real. La ciudadanía puede impulsar estos cambios apoyando iniciativas locales, exigiendo transparencia en los programas rurales y reconociendo el papel de las mujeres productoras como pilares de la comunidad.

Fuente: Quadratín; datos y testimonios recogidos en comunidades productoras de maguey y referencias de INEGI y del Consejo Regulador del Mezcal.

Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Oaxaca Quadratin