Maguey de Oaxaca vale 50 centavos: la otra cara del boom del mezcal

Por Alonso Pérez Avendaño

En las comunidades mezcaleras de Oaxaca, el auge de bares hipster y exportaciones millonarias tiene una contraparte desigual: campesinos que aseguran recibir apenas 50 centavos por kilo de maguey. Así lo documenta un reporte de Quadratín y lo confirman productores con los que hablamos en la región.

“Nos están pagando para no sembrar o para vender barato”, dice un productor de la Sierra Madre, que prefiere omitir su nombre por temor a represalias comerciales. La queja es recurrente: mientras marcas grandes concentran el mercado y la distribución, los pequeños productores cargan con los costos de la tierra, el trabajo y el tiempo —el maguey tarda años en madurar— y, aun así, ven caer su ingreso por kilo.

La concentración del mercado en manos de empresas trasnacionales, señala el reportaje de Quadratín, genera una cadena de compra donde intermediarios imponen precios de remate. El resultado no es sólo pérdida de renta para las familias rurales: hay riesgo de abandono de parcelas, pérdida de saberes locales y presión sobre prácticas de siembra sustentable.

Organizaciones comunitarias y algunos representantes del sector proponen soluciones que ya funcionan en otros lugares: fortalecer cooperativas de productores para negociar mejor precio, impulsar compras públicas para consumo local y turismo responsable, y reforzar esquemas de trazabilidad que beneficien al ejidatario. También piden al Consejo Mexicano Regulador del Mezcal y a autoridades estatales mecanismos de transparencia en compras y etiquetado para evitar que la ganancia se concentre exclusivamente en el mercado final.

La problemática no es sólo económica: es cultural y ambiental. “Cuando el maguey deja de ser rentable, se pierde la siembra, la biodiversidad y parte de nuestra identidad”, dice una mujer zapoteca dedicada al cultivo desde su niñez. Proteger el precio justo del maguey es, por tanto, proteger un oficio y una tradición.

Desde la esfera pública, las políticas que pueden ayudar son claras: incentivos para la producción local, programas de compra institucional con criterios de justicia económica y apoyos técnicos para manejo sustentable. Desde la sociedad civil, consumir mezcal con conciencia sobre su origen y apoyar marcas que transparenten su cadena de valor puede marcar la diferencia.

Quadratín puso en foco un problema que exige respuesta urgente: no se trata de frenar el crecimiento de la industria, sino de repartir mejor sus beneficios para que el mezcal siga siendo, además de un producto de exportación, un sustento para las familias y un legado vivo en Oaxaca.

Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Oaxaca Quadratin