Poder judicial se adelanta: reformas para que la justicia no llegue tarde

Por un joven periodista

En un país donde la justicia suele reaccionar cuando ya pasó el daño, el Poder Judicial del Estado decidió cambiar el ritmo. No se trata de premuras mediáticas ni de promesas vacías: en los últimos meses la institución ha puesto en marcha un paquete de medidas para anticipar problemas que hoy retrasan y encarecen los juicios.

Según comunicados y documentos internos del Poder Judicial del Estado, las acciones incluyen la digitalización de expedientes, la implementación de audiencias por videoconferencia con protocolos claros, la creación de unidades especializadas —especialmente para casos de violencia de género— y la adopción de indicadores de gestión para medir tiempos y cuellos de botella. El Consejo de la Judicatura estatal ha acompañado la estrategia con capacitación a jueces y personal administrativo.

Para entender el impacto: imagina que antes una audiencia podía demorarse meses por falta de expediente físico o por agenda. Con expedientes electrónicos y un calendario coordinado, una resolución puede dictarse con mayor celeridad y menor traslado de personas. Eso no solo acelera el proceso, también reduce costos y riesgos para víctimas y testigos.

“Buscamos que la justicia deje de ser reactiva y se vuelva preventiva en sus procesos”, explica un comunicado del Poder Judicial del Estado. En la práctica, esto ha significado abrir ventanillas únicas de atención, fortalecer la mediación como vía alternativa y poner criterios de prioridad para casos que afectan la integridad de las personas.

Las mejoras son palpables pero incompletas. Ciudadanos con trámites recientes reconocen avances: “Antes esperaba meses; ahora me citaron en semanas”, dice Ana, usuaria de un juzgado familiar. Pero operadores del sistema advierten retos: la infraestructura tecnológica aún es desigual entre municipios, hace falta personal capacitado y la cultura institucional requiere más transparencia en los indicadores de desempeño.

El Poder Judicial del Estado afirma que la estrategia incluye un plan de mediano plazo para reducir la mora judicial y mejorar la percepción ciudadana sobre el acceso a la justicia. Entre las metas anunciadas está ampliar el acceso a audiencias remotas en regiones lejanas y consolidar unidades especializadas que atiendan con enfoque de género, infancia y personas con discapacidad.

Desde la sociedad civil y la academia, la recomendación es clara: acompañar estas medidas con rendición de cuentas y supervisión externa. La justicia que se anticipa no puede quedarse en buenas intenciones; necesita datos públicos, evaluaciones independientes y participación ciudadana para corregir lo que no funcione.

En ese sentido, la invitación del Poder Judicial del Estado a audiencias públicas y consultas con organizaciones locales es un paso en la dirección correcta, aunque todavía falta demostrar resultados sostenibles.

La justicia que llega a tiempo no sólo acelera procedimientos; también protege vidas y reduce la pérdida de confianza social. El reto ahora es consolidar lo avanzado y transformar la expectativa: que la justicia deje de ser la última respuesta y se convierta en una herramienta preventiva y accesible para todas y todos.

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