Oaxaca estrena instituto de transparencia y fortalece protección de datos

Por Sandra Luz Roldán

La creación del Instituto de Transparencia para el Pueblo de Oaxaca abre una nueva etapa en el acceso a la información pública en la entidad. Según Sandra Luz Roldán, este organismo especializado pretende garantizar el derecho de la ciudadanía a saber cómo y en qué se gastan los recursos públicos, además de ofrecer un marco más sólido para la protección de datos personales.

En la práctica, el cambio busca que las dependencias estatales y municipales publiquen de forma proactiva información sobre contratos, programas sociales, obra pública y presupuestos, y que exista un órgano con mayor capacidad de supervisión y sanción cuando no se cumplan los plazos o se oculten documentos. Organismos como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales han señalado desde hace años la necesidad de mayor especialización en los estados; Oaxaca da ahora un paso en esa dirección.

Para la gente común, esto puede traducirse en consecuencias concretas: saber por qué una obra tardó más de lo previsto, verificar que los apoyos sociales llegaron a quienes deben llegar o solicitar la corrección de datos personales que aparecen mal en un padrón. Imagina que tu nombre está en un registro de beneficiarios y aparece un dato erróneo que te impide acceder a un servicio; el nuevo instituto tendría la facultad de intervenir y ordenar la corrección.

El proyecto incorpora herramientas que, en teoría, elevan el estándar: protocolos para el manejo de información sensible, plazos más claros para responder solicitudes de información y mecanismos para sancionar incumplimientos. También prevé capacitaciones para servidores públicos, porque la transparencia no funciona si quien administra la información no sabe cómo hacerlo correctamente.

Sin embargo, no todo está resuelto. El éxito del Instituto dependerá de su autonomía real, del presupuesto que le asigne el gobierno local y de la voluntad política para aplicar sanciones. Además, existe el reto cultural: en muchas dependencias la opacidad es un hábito que no cambia sólo con una ley. La ciudadanía y la academia tendrán que vigilar que el instituto no se convierta en letra muerta.

Especialistas consultados por este diario coinciden en que la mejor legislación solo rinde frutos si va acompañada de auditoría ciudadana y procesos de rendición de cuentas accesibles. Por eso es importante que los oaxaqueños no vean esto como algo abstracto; es un instrumento que pueden usar para exigir respuestas y corregir abusos.

La invitación, según Sandra Luz Roldán, es clara: informarse, preguntar y utilizar las vías de transparencia. Cuando más ciudadanos pidan información y revisen el ejercicio público, mayor será la presión para que las instituciones cumplan. En Oaxaca, la creación del Instituto es un paso, pero la transparencia verdadera requerirá trabajo conjunto: autoridades, sociedad civil y medios vigilando cada paso.

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