Fuegos artificiales, importante el manejo adecuado y reducir emisiones contaminantes
Las explosiones de luces coloridas en el cielo siempre sorprenden, pero detrás del aplauso hay riesgos para la salud, el ambiente y la seguridad.
En los festejos de fin de año y muchas celebraciones locales, los fuegos artificiales se han convertido en la postal más recurrida. Sin embargo, es necesario recordar que su manejo no es un juego: la Secretaría de Salud y Protección Civil han advertido durante años sobre quemaduras, lesiones oculares y problemas respiratorios asociados a su uso inadecuado.
Además, el impacto ambiental es real. Investigaciones de la UNAM y del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) muestran que durante eventos pirotécnicos se registran picos de partículas finas (PM2.5) y trazas de metales como bario, estroncio y cobre. Estas partículas pueden agravar asmas y enfermedades cardiovasculares, y permanecen en el ambiente más tiempo del que dura el espectáculo.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, PROFEPA, ha perseguido ventas ilegales y vertimientos relacionados con pirotecnia, mientras que la Secretaría de la Defensa Nacional, SEDENA, regula la fabricación y comercialización por los riesgos explosivos. En varios municipios, autoridades han optado por permisos más estrictos o por prohibir el uso particular y privilegiar shows profesionales para minimizar riesgos.
¿Qué se puede hacer en lo concreto? Primero, evitar el uso casero de artefactos contundentes: los expertos recomiendan que los fuegos sean operados por personal capacitado y en espacios controlados. Mantener a niños y mascotas lejos, tener agua o extinguidores a la mano y no manipular productos defectuosos son medidas sencillas que salvan vidas. La Secretaría de Salud y Protección Civil ofrecen guías prácticas que pueden consultarse en sus campañas informativas locales.
También hay alternativas que reducen el daño: espectáculos con drones, luces LED o pirotecnia «silenciosa» y de baja emisión están ganando terreno en ciudades que buscan cuidar la salud pública y a los animales. Estas opciones no eliminan por completo la contaminación, pero disminuyen picos de partículas y molestia sonora.
Desde la política pública, es urgente mejorar la fiscalización de la cadena productiva y promover incentivos para formas menos contaminantes. La UNAM y el INECC recomiendan monitoreos atmosféricos antes y después de eventos masivos y campañas de información dirigidas a barrios y pueblos que organizan tradiciones con pirotecnia.
Como periodista y vecino, veo que la conversación no es entre prohibición y espectáculo, sino entre seguridad, salud y tradición. Podemos celebrar juntos sin poner en riesgo a nuestros niños, a quienes tienen problemas respiratorios, ni a los animales. Si vas a disfrutar de fuegos artificiales, hazlo en shows autorizados, exige protocolos de seguridad y apoya iniciativas municipales que apuesten por alternativas menos contaminantes.
Fuente: Secretaría de Salud, Protección Civil, UNAM, INECC, PROFEPA y SEDENA.
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