Auditoría detectó fallas de planeación en tramo del tren interoceánico donde ocurrió descarrilamiento fatal

Un informe de la Auditoría Superior de la Federación de 2019 ya advertía deficiencias técnicas en la llamada Línea Z; el descarrilamiento dejó 13 muertos y reabrió el debate sobre seguridad y transparencia

Oaxaca — Un reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de 2019 señaló fallas de planeación y control técnico en la Línea Z del proyecto del tren interoceánico, el mismo tramo donde ocurrió un descarrilamiento que terminó con la vida de 13 personas. La investigación de la auditoría detalla omisiones que hoy, a la luz de la tragedia, cobran una gravedad mayor.

Según la ASF, las principales deficiencias incluían estudios geotécnicos incompletos, alcances de proyecto mal definidos y supervisión técnica insuficiente durante la etapa de construcción. Esas carencias, explicó la auditoría, aumentan el riesgo de fallas en la infraestructura cuando la línea entre en operación con carga y velocidad reales.

Para las comunidades que viven junto a la vía, la noticia no es solo un dato técnico. «Nos dijeron que el tren traería trabajo y progreso, pero también queremos que vuelva la seguridad», dice una vecina que pidió no ser identificada. Familias de las víctimas exigen respuestas claras sobre por qué no se atendieron las alertas de la auditoría y quién asumirá responsabilidades.

El tren interoceánico se presentó como una vía para conectar el Pacífico y el Golfo, impulsando desarrollo regional. Sin embargo, el informe de la ASF y el accidente ponen en evidencia un problema recurrente en obras públicas: ejecución acelerada sin atender plenamente los riesgos. Es como construir una casa sobre cimientos de arena para llegar antes al techo; a la larga, la factura puede ser fatal.

Autoridades federales responsables del proyecto han prometido investigar el accidente y aplicar sanciones si se confirma negligencia, pero hasta ahora los familiares y la sociedad esperan una auditoría externa e independiente que complemente la labor interna. La ASF hizo recomendaciones hace seis años; la pregunta que resuena ahora es por qué muchas de esas medidas no impidieron que se repitieran los errores.

Especialistas consultados en notas públicas sobre el tema señalan que además de sancionar, es urgente ordenar dos acciones concretas: una revisión técnica integral de toda la Línea Z con participación ciudadana y académica, y un plan de reparación y atención a las víctimas que incluya indemnizaciones y apoyos psicológicos y económicos para las familias afectadas.

La tragedia también abre un debate más amplio sobre cómo se toman decisiones en proyectos estratégicos. Los beneficios económicos no pueden ir por encima de la seguridad ni del derecho de las comunidades a ser informadas y consultadas. Transparencia, controles fuertes y participación local son más que buenos deseos; son condiciones mínimas para evitar que más familias paguen con sus vidas.

La recomendación de la ASF en 2019 fue clara: corregir los vacíos de planeación y fortalecer la supervisión técnica. Hoy, ante la pérdida humana y el dolor de las comunidades, esa recomendación debe cumplirse con rapidez y con la claridad que exige la sociedad. Solo así se podrá reconstruir la confianza y asegurar que la infraestructura pública sirva para mejorar la vida, no para ponerla en riesgo.

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